
Por estos días se dice que Bogotá ha perdido la cultura ciudadana que llegó a adquirir en las administraciones de Mockus y Peñalosa. Que las calles son el escenario de prácticas poco cívicas, antisociales.
¿Es que necesitamos comerciales de televisión o vallas o repetir lo que hace un mimo para saber que en las calles no se bota basura, no se orina, no se pasa los semáforos en rojo ni se le echa el carro al peatón?
Lo que hizo Mockus fue algo estructural y estructurado. Mockus nos hizo ver a todos que vivíamos en el peor escenario urbano del continente. Bogotá estaba a punto de colapsar como lo está hoy. Pero más allá de campañas o mimos, lo que hizo Mockus fue estrcutante y estructural, más que campañitas era una forma de gobernanr y actuar en la ciudad; hizo ver todo ese tejido de co-responsabilidades entre la ciudad y sus ciudadanos, el todos ponen, la necesidad de pagar impuestos para recibir obras, pero sobre todo, el respeto al otro, por encima de todo. Desde allí edificó lo demás, la promoción de mejores prácticas en los comportamientos urbanos, pero sobre todo el cumplimiento de la ley, la zanahoria y el garrote. Y el ejemplo. El mandatario predicaba y aplicaba.
Peñalosa, aunque hizo megaobras que contribuyeron al desarrollo del tejido urbano y social, predicaba con la soberbia, la intolerancia y la petulancia. Todas sus medidas provocaban el choque, dividían la ciudad, no hacía pedagogía para hacernos ver los presuntos beneficios de lo que imponía. Su modelo de ciudad era una obsesión, una intransigencia. Sólo garrote y casos de inmoralidad, nepotismo. Por eso ahora que sale a reclamar lo que no hizo o lo que dañó es bueno que le recordemos sus resba-losas.
Lucho tenía el carisma para haber sido un excelente gestor de cultura ciudadana integral pero prefiero pasar de agache, dejarse coger ventaja de la traquetización, el chamboneo, el matoneo y todas las prácticas antosociales que florecieron en su administración. A esto hay que sumarle la nefasta influencia que ejercieron los medios de comunicación y el presidente promoviendo conductas relacionadas con la corrupción, el arrasamiento, el odio, la intolerancia, la agresividad verbal, el fanatismo, el sacar ventaja a todo, el poco respeto por las ideas.
Mockus dejó sentadas las bases de la cultura ciudadana, esas bases están ahí, no se han perdido, hay que defenderlas, con acciones decididas de autoridad, desde la administración distrital hasta los gobiernos locales.
Bogotá no necesita campañitas que fomenten la cultura ciudadana o que promuevan el sentido de pertenencia por el estilo de AMOR A BOGOTA ( Eso es botar la plata), esa campaña ínisipa y vacía que nunca ha acabado de lanzar la administración, que sirve para todo y para nada.
Las cebras están ahí, los semáforos también. Bogotá lo que necesita es volver a ser Bogotá y no seguir siendo la caneca de la basura de un país desquiciado por una guerrilla atroz y un presidente pendenciero. ¿Es que necesitamos comerciales de televisión o vallas o repetir lo que hace un mimo para saber que los andenes son para los peatones y no para las motos o las bicicletas? Para eso sólo se necesita sentido común y respetar el espacio del otro. Es hora de volver a recordarlo y el que no lo sepa que pague. Porque aquí todos ponen.
*Ilustración de electrobudista tomada de http://www.flickr.com