miércoles, 25 de marzo de 2009

Este jueves porten su dosis personal


Recibí este mensaje del Concejal Carlos Vicente de Roux convocando a una marcha el jueves 26 de marzo, a las 6:00 p.m., se realizará en la Plaza de Bolívar, una concentración de protesta contra el castigo al porte y el consumo de la dosis personal de sicoactivos. Me uno a la invitación y a la protesta contra esta y otras medidas del dictador Alvaro Uribe que ya no tocan sólo el ámbito de la política,sino que vulneran la intimidad de los seres humanos, algo que sólo se había visto en la antigua Unión Soviética. Vean la película la Vida de los Otros. Tanto que el dictador arremete contra el comunismo y los regímenes de izquierda y miren de dónde saca su arsenal de medidas totalitarias " Tengo ocho razones para apoyar la protesta, a saber: 1. El Estado no debe incursionar en el control de los placeres privados, ni siquiera en el de los placeres privados dañinos. De lo contrario se le abre el camino a esa modalidad de totalitarismo que invade la esfera de la vida íntima, el reducto más intocable de la libertad. Si el Estado lo penetra, cruza un umbral que puede llevarlo a no dejar nada por fuera de su control. Por eso en el ámbito de lo privado, ni siquiera el bien debe hacérsele a la gente a la fuerza. 2. La mezcla de medicina y represión −como la que se dará en los tribunales de jueces y siquiatras que ordenarán recluir a los adictos en centros de rehabilitación− es potencialmente muy peligrosa. Puede conducir a realizar operaciones de castigo, justificadas o no, bajo la cobertura de la protección a la salud, sin que puedan emplearse contra ésta los instrumentos jurídicos de control de las actividades propiamente represivas. Muchas experiencias internacionales lo confirman. 3. El mejor camino para conseguir que la gente no traspase los límites que convierten ciertos goces en autodestructivos (glotonería, alcoholismo, tabaquismo, consumo de estimulantes y sicoactivos, ludopatía...), es reforzar su capacidad para defenderse del riesgo por sí misma (como por lo demás lo hace, espontáneamente, la gran mayoría de la población). Para eso existe un amplio repertorio de instrumentos pedagógicos, publicitarios, tributarios, entre otros, que en vez de desempoderar a la gente, fortalecen su disposición a responsabilizarse del problema, en un marco de libertad. 4. Existen medios para presionar a un amplio número de adictos a someterse a tratamientos de rehabilitación, sin incurrir en el castigo al consumo. Consisten en suspenderle a quienes se sujetan a esos tratamientos las penas por delitos cometidos con ocasión o a causa del consumo (robos, agresiones...). Así, no es la esfera de la intimidad del consumidor la que se ve afectada, sino el ámbito de sus comportamientos externos en cuanto menoscaban derechos de terceras personas (la vida, la integridad, la propiedad...). De esa manera vienen actuando otros países, en seguimiento de recomendaciones de la ONU. Bajo ese esquema, por otra parte, es más fácil obtener un compromiso personal del adicto con la terapia, porque ésta no aparece como una imposición injustificada de la autoridad, sino como una compensación y una medida de prevención de los daños a la sociedad. 5. Hay una economía moral de la represión. En la medida en que se extienden las normas que establecen prohibiciones y sanciones hacia ámbitos que no lo justifican, se devalúan no solo las disposiciones nocivas o innecesarias sino el conjunto del orden normativo, y se debilita la acción de las autoridades encargadas de aplicarlo. 6. Hay una economía material de la represión. Los recursos que se destinan a tribunales y a cárceles para castigar conductas que no merecen serlo, se desvían de la persecución de comportamientos que sí deben ser sancionados (los homicidios, la corrupción...), o de la atención a otros fines del Estado (salud, educación...). 7. Los gobiernos democráticos deben guardarse de un coqueteo populista con las posiciones simplistas y el conservadurismo de cierto electorado. La gente, con razón, rechaza el consumo de drogas, por sus efectos sobre las personas, las familias y la comunidad, y reclama medidas contundentes contra él. Pero los gobiernos deben responder a esa demanda con medidas que no se lleven de calle valores esenciales de una sociedad democrática, porque el remedio será peor que la enfermedad. 8. La represión del consumo es la última pieza del aparato de la prohibición de la droga, que ha hundido a Colombia en la guerra y la violencia. Las estamos padeciendo, contra lo que dice el gobierno, no porque la prohibición sea incompleta (deja por fuera el consumo) sino porque existe la prohibición. Es ésta la que hace lucrativo el negocio, lo coloca en manos de grandes organizaciones criminales y le permite financiar a la guerrilla y a los paramilitares. Con un cordial saludo, CARLOS VICENTE DE ROUX R. Concejal de Bogotá PD/// el documento de convocatoria lo pueden descargar en http://apuestaporlaciudad.files.wordpress.com/2009/03/porte-su-dosis-de-personalidad1.pdf

La muerte del patrullero en la ciclovía



El domingo pasado la ciclovía de la carrera séptima parecía tener el mismo ritmo melancólico de la mañana fría y lluviosa, salvo por los buses que tronaban en el otro carril y escupían sus bocanada de humo venenoso, salvo por los taxistas que en el otro carril se pasaban todos los semáforos en rojo, sin importarles ni el peatón, ni los ciclistas, en su mayoría menores de edad, que a esa hora ascendían a la séptima buscando unos pocos kilómetros de diversión en esa ciudad de asesinos al volante.

Al pasar por la calle 67, frente al edificio de Caracol,
Nelson Fabián Pachón Otavo debía estar en la esquina cumpliendo con su labor de auxiliar de la policía, tratando de contener a los conductores que aún no entienden que el hecho de tener un taxi, un automóvil, un bus o un camión no les da derecho de zampárselo al humilde transeúnte, al ciclista o al conductor decente que espera a que los semáforos se pongan en verde, sin pitar. Debían ser las 11: 27 de la mañana.

A las 11:50 ya de regreso, la esquina de la carrera séptima con calle 67 era otra. Una ambulancia, un cuerpo tirado en el piso, dos policías motorizados y más de diez taxis obstruyendo la vía. Después, vine a saberlo todo.

A las 11:27 minutos de la mañana, según consta en los reportes oficiales, el taxista
Gerardo Vargas Hernández, boyacense y con 32 años, se pasó imprudentemente el semáforo en rojo del costado occidental de la 7a. Su taxi de placas VEI 992, afiliado a la empresa Taxi Express, se llevó de frente al Policía. Lo lanzó a 20 metros del sitio del accidente. Nelson quería estudiar Ingeniería Automotriz. Le faltaban 4 meses para terminar su servicio en la Policía. Hoy está en un cementerio.

No hay nada que decir ante este hecho. El taxista implicado sacará mil disculpas, todas infames, que el tiene que sobrevivir y llevar el pan para su casa. Sus colegas bloquearon la séptima para amedrentar a todo el que quisiera defender al patrullero. La policía tuvo que dispersarlos o ahí se hubieran quedado braveando todo el día

Sólo les pido que se paren en cualquier semáforo de
Bogotá y vean quiénes se los pasan en rojo. Taxistas y buseteros, asesinos en potencia, que hoy recorren la ciudad escuchando los chistes flojos, los programas degradantes y la basura de música que ponen en Candela.

Deberíamos hacer un ensayo ahora que la Secretaría de Movilidad se la pasa en esas. Dejarles las calles sólo a los taxistas,
buseteros y a los conductores de las camionetas traquetas, sin reglas, sin semáforos en rojo, con dobles filas en los cruces permitidos y en los prohibidos, y con una velocidad promedio de 100 kilómetros por hora.