
El escritor Milan Kundera definía el infierno como el mundo en donde ya no hay silencio, en donde por todas partes se escucha música, y sobre todo rock. Creo que ese infierno es el que estamos viviendo sobre todo ahora que la música es como Dios, está en todas partes, es la que determina la forma de ser y vestir de los seres humanoides que caminan por las calles. El viejo slogan de MTV, NO MUSIC NO LIFE se ha hecho macabramente real. Sólo se habla de música. Hasta se mata por la música. ¿Hubo alguna vez una batalla campal entre seguidores de Vivaldi y Scarlatti? ¿Los seguidores de Mozart apedrearon alguna vez los faroles de las calles de Viena?
La música es el apartheid del siglo XXI y las tribus urbanas son legiones de autistas conectadas a un I-Pod.
Pero el viejo slogan de MTV puede tener una variante más macabra. MUSIC NO LIFE y lo repiten los vecinos del parque Simón Bolívar. Los que no pueden dormir o ni siquiera salir a la calle cada vez que hay un concierto. Uno pensaría que la semana santa es para descansar, pero los empresarios que trajeron a Kiss y la alcaldía que dio el permiso, no lo creen así. Y los vecinos de este parque creado para la recreación pasiva tuvieron que irse POR LA MUSICA A OTRA PARTE.
La otra variante del slogan de MTV, MUSIC NO LIFE es que su vecino se crea rap-ero, rock-ero o hiphop-ero o reggae--ero y se la pase todo el día o toda la noche azotando una batería sin sacarle nada más que golpes desesperantes. Y, por supuesto, ni la policía ni la alcaldía hacen nada. Obvio, también puede ser desesperante un violín una trompeta y los vecinos de Beethoven vivían locos con el músico. Pero es que ahora en cada casa o garaje hay un genio que se cree rockero, en este país que no ha dado uno sólo famoso. NI UNO SOLO.
Claro, de inmediato sale la diatriba contra los que tenemos más de cuarenta, que es que los cuchos no aguantan tantos decibeles, pero los que tenemos más de cuarenta llevamos cuarenta años escuchando rock y no por eso tenemos que teñirnos el pelo o quitarle el sueño a los vecinos.
El asunto es simple. La alcaldía debería hacer todo lo posible para que los vecinos del Simón Bolívar pudieran dormir tranquilos TODOS LOS DIAS, y para que las bandas de rock ensayaran a horas razonables y en sectores no residenciales. PERO ESO NO VA A PASAR, porque desde hace más de una década priman los derechos de los rap-eros, rock-eros o hiphop-eros sobre los de todos los demás ciudadanos. Por eso la alcaldía se tira todos esos millones en rock al parque, cuando eso debería ser organizado por empresarios particulares.
Pues hay malas noticias para los vecinos del Simón Bolívar. La Secretaría de Cultura ya anuncia en su web la realización de rock al parque para junio y de Hip Hop al parque para octubre, a pesar de que estos vándalos destruyeron todo el mobiliario urbano de los alrededores y los metaleros rompieron los vidrios de los barrios vecinos porque no pudieron ver IRON MAIDEN. NO HAY SANCIONES SE LES PREMIA.
Ojala no pase, pero si esto sigue así, algún día las calles de los barrios que rodean el Simón Bolivar serán como hoy es Cuadra Picha, el infierno de Kundera.
La música es el apartheid del siglo XXI y las tribus urbanas son legiones de autistas conectadas a un I-Pod.
Pero el viejo slogan de MTV puede tener una variante más macabra. MUSIC NO LIFE y lo repiten los vecinos del parque Simón Bolívar. Los que no pueden dormir o ni siquiera salir a la calle cada vez que hay un concierto. Uno pensaría que la semana santa es para descansar, pero los empresarios que trajeron a Kiss y la alcaldía que dio el permiso, no lo creen así. Y los vecinos de este parque creado para la recreación pasiva tuvieron que irse POR LA MUSICA A OTRA PARTE.
La otra variante del slogan de MTV, MUSIC NO LIFE es que su vecino se crea rap-ero, rock-ero o hiphop-ero o reggae--ero y se la pase todo el día o toda la noche azotando una batería sin sacarle nada más que golpes desesperantes. Y, por supuesto, ni la policía ni la alcaldía hacen nada. Obvio, también puede ser desesperante un violín una trompeta y los vecinos de Beethoven vivían locos con el músico. Pero es que ahora en cada casa o garaje hay un genio que se cree rockero, en este país que no ha dado uno sólo famoso. NI UNO SOLO.
Claro, de inmediato sale la diatriba contra los que tenemos más de cuarenta, que es que los cuchos no aguantan tantos decibeles, pero los que tenemos más de cuarenta llevamos cuarenta años escuchando rock y no por eso tenemos que teñirnos el pelo o quitarle el sueño a los vecinos.
El asunto es simple. La alcaldía debería hacer todo lo posible para que los vecinos del Simón Bolívar pudieran dormir tranquilos TODOS LOS DIAS, y para que las bandas de rock ensayaran a horas razonables y en sectores no residenciales. PERO ESO NO VA A PASAR, porque desde hace más de una década priman los derechos de los rap-eros, rock-eros o hiphop-eros sobre los de todos los demás ciudadanos. Por eso la alcaldía se tira todos esos millones en rock al parque, cuando eso debería ser organizado por empresarios particulares.
Pues hay malas noticias para los vecinos del Simón Bolívar. La Secretaría de Cultura ya anuncia en su web la realización de rock al parque para junio y de Hip Hop al parque para octubre, a pesar de que estos vándalos destruyeron todo el mobiliario urbano de los alrededores y los metaleros rompieron los vidrios de los barrios vecinos porque no pudieron ver IRON MAIDEN. NO HAY SANCIONES SE LES PREMIA.
Ojala no pase, pero si esto sigue así, algún día las calles de los barrios que rodean el Simón Bolivar serán como hoy es Cuadra Picha, el infierno de Kundera.
