viernes, 24 de julio de 2009

Hay vida más allá de Bogotá: en Cali

Un fin de semana en Cali es suficiente para recordar que en este país los provincianos somos los rolos, que no sabemos lo que es un buen vividero y creemos que vivimos en la única ciudad que vale la pena en este país.

Nada de eso es cierto. Con solo tomar la autopista que va del Aeropuerto Bonilla Aragón al centro de la ciudad uno empieza a descubrir cosas que Bogotá nunca ha tenido. Una verdadera autopista, amplia, cruzada por puentes que nunca se embotellan, rematados por orejas y no por atajos ciegos y mal diseñados.

Llevaba como veinte años sin ir a Cali, pero me queda la absoluta seguridad de que fue así desde que se hizo ciudad, que fue bien hecha desde el principio y fue creciendo sin dañar su trazado inicial.

Cuando uno mira por la ventana del taxi ve que esas avenidas amplias están rodeadas de vegetación, de zonas aledañas para que uno camine y de ciclo rutas seguras y no de las porquerías que hay en Bogotá, como la de la carrera once.

Todo es amplio y tiene un lugar para el aire, porque en Cali hay muchos carros y buses y el MIO, pero SE RESPIRA, SE ESCUCHA. Es el mismo país, los mismos vallenatos llorones, el mismo reggaetton pornográfico, los mismos comentaristas deportivos prepotentes e histéricos, pero todo eso mismo sabe a algo diferente, porque se siente que hay una especie de idea de lo que es la vida, la vida simple la de tomarse un cholado en una esquina sin pensar que puede estar hecho con frutas pichas o rendido con agua sucia, la de mirar, la de comerse una buena carne en cualquier parte sin temor a que sea de perro, la de ir a un mercado de las pulgas sin tener que torear a drogadictos que se disfrazan de rastas, la de ir a cine de noche y dormir tranquilo.

Y eso que Cali sobrevivió a la guerra de los carteles, a una mano de alcaldes ineptos, y ahora se debate en el fuego cruzado de los lavaperros desquiciados. Con todo y eso, lo que le sobra es vida y ciudad y no como a nosotros los rolos que no tenemos ni vida ni ciudad, rodeados de paracos, pandilleros, barras bravas, basura y trancones.