jueves, 19 de marzo de 2009

En el lejano país, paisa, de Samuel y Alvaro, no se conjuga el verbo renunciar


Erase una vez, no en este país, sino en otro, muy parecido a este, un alcalde llamado Samuel, que eligió de personero a Francisco. Muchos de sus concejales y amigos se lo advirtieron, él tiene rabo de paja, pero Samuel no hizo caso, lo hizo elegir y con ese acto, heroicamente estúpido, dio papaya. Además, la ciudad de Samuel padecía muchos problemas que no acertaba a resolver. Todo se le fue juntando

¿Por quién era gobernado ese país? Por Alvaro, un exitoso finquero que se hizo reelegir violando la constitución, que se la pasaba haciendo política en vez de sacar de la pobreza a sus conciudadanos. Cuando Alvaro era presidente, Samuel era candidato a la alcaldía. Alvaro, que era un poco neurasténico, paranoico, no veía con buenos ojos que uno de sus oponentes llegará a mandar en la ciudad más grande de su finca, perdón, quiero decir de su país. Pero, por más que le dijo de todo, porque así era Alvaro, por más que le dijo guerrillo, terrorista y todo lo que el sabía decir, Samuel ganó y se lo tuvo que tragar. Pero Alvaro no se iba a quedar quieto

Y sus hijos tampoco. Sus hijos eran unos aventajados negociantes, que se hicieron famosos vendiendo a precios exorbitantes las artesanías que les compraban por chichiuas a los campesinos que merodeaban por las fincan cercanas a la de su padre y sus amigos. Esos adolescentes aventajados se la pasaban con un amigote llamado Daniel, uno de esos traviesos niñitos bien de Bogotá, más agalludos que cualquiera y, que a su vez, le manejaba las relaciones públicas a David, un emergente que se hizo rico vendiendo tarjetas prepago y ofreciendo exagerados rendimientos a quienes les servían de multiplicadores de su modelo de negocio, porque los bancos usureros de ese lejano país prestaban caro y pagaban poco;

Todo cambió cuando a David le dio por decir en público que los hijos de Alvaro estuvieron a punto de hacer negocios con él en su canal de televisión. Ese día, el mismísimo Alvaro se emberracó y dijo: yo a ese marica lo hundo Y lo hundió, maricas, lo encarceló, a él y casi toda su familia, le dijo paraco, guerrillo, terrorista, lavador, y de paso se comió la papaya que dio Samuel y Francisco su personero, que resultó muy amigo de David.

Alvaro tenía buenos amigos: todos muy bien colocados como sucede en esas suertudas familias de Medellín que tienen a todos sus cosios en buenos puestos. Alvaro era amigo de Roberto, el del periódico y el city canal y no se que más; de Julito, el de una emisora en la w, de Juanito, un patriarca cartagenero que se daba el gusto de hacer radiosucesos en chanclas mirando el Caribe, a todos ellos los puso Alvaro a destruir a David y a todo aquel que se hubiera cruzado con él, obvio menos a sus hijos, para que de esta forma, en ese lejano país, tan parecido al nuestro, no se volviera a saber de las ejecuciones extrajudiciales, ni de las interceptaciones ilegales de los teléfonos de los magistrados de la corte, ni del 60 por ciento de los congresistas amigos de Alvaro investigados por nexos con los parapoliticos que asesinaron a mas personas que las dictaduras chilena y argentina juntas, según sus propias confesiones, ni del desempleo, ni de la ruina económica, ni de los narcos que hacían pactos con el vocero de Alvaro, a sus espaldas, por supuesto, ni de la falta de carreteras, ni de los desastres invernales que no se previnieron y de muchas cosas más que pasaban en ese país subdesarrallado, donde la economía no crecía y todo se gastaba en combatir a la guerrilla, que supuestamente, Alvaro había arrasado hacía años, marica.

En cualquier otro país decente, no en ese lejano país, un país con buenas carreteras y aeropuertos, un país donde el procurador, el congreso y el fiscal hicieran su labor, Alvaro y Samuel hubieran tenido que renunciar, como pasó con Nixon en los mismísimos Estados Unidos, ante los que Alvaro se arrodillaba con su cara de seminarista de la Ceja. Pero en ese país lejano no. En ese país lejano, todo estaba permitido, salvo ser decente y honrado.

miércoles, 18 de marzo de 2009

La carrera séptima en manos de los INTOCABLES


Está demostrado que la inmovilidad de Bogotá se debe en gran parte a los taxis y la contaminación a los buses y busetas que el Distrito aún no ha chatarrizado. Las cosas hay que llamarlas por su nombre. Y con datos.

Según un estudio de la Universidad Javeriana realizado en febrero, específicamente el día del aire limpio, fue evidente que en esa fecha, a pesar de que había restricción para más de un millón de carros particulares, el número de vehículos por hora en la Séptima se incrementó en 9 por ciento (pasó de 3.249 a 3.544). Más contaminación menos movilidad. La presencia de taxis en esta vía aumentó 9 por ciento y la de buses 21 por ciento.

Y ahí no para todo. En el mismo estudio se demuestra que el primer balance de la medida del Pico Valle y Placa de la administración distrital arrojó un resultado aparentemente sorprendente, pero que era de esperarse. Por la séptima circulan más carros. Sobre todo taxis. El resultado; más trancones. Según las mediciones, incluso en las horas valle la velocidad de los desplazamientos por esta vía se redujo en 8 por ciento. Tras aplicar la restricción de 14 horas diarias para los particulares (de 6 a.m. a 8 p.m.), la velocidad de circulación por este corredor registró una caída considerable en las horas pico de la tarde. Llegó a 20,6 kilómetros por hora.

El problema de los taxis como se sabe no tiene arreglo. Cualquier cosa que se haga contra ellos es tiempo perdido. Bloquean la ciudad y punto. Les colocaron un chip y las cámaras que los detectan aún siguen guardadas en las bodegas de la Secretaría de la Movilidad.

El problema de los buses y busetas contaminantes tampoco tiene arreglo. Nada que se chatarrizan todos los que se tienen que chatarrizar y ahora salen con que van a ser los mismos transportadores los que se van a encargar de reorganizar las rutas. El Distrito Capital tiene sus castas y sus intocables. Los taxistas y los transportadores NO SE TOCAN.

Precisamente para ordenar le tráfico por esta ruta, el Secretario de Movilidad ha prometido un plan piloto que arrancaría en abril o mayo. Las 41 empresas de transporte que tienen rutas por esta vía también trabajan en un plan para mejorar la calidad del servicio.

Ahora resulta que los causantes de la contaminación y la inmovilidad van a recibir como premio operar un remedo de troncal sobre la séptima, una troncal sin transmilenio ni metro, una troncal caótica, sucia, desorganizada, con paraderos que van a durar ocho días y después, lo mismo de antes, con los mismos de antes.

lunes, 16 de marzo de 2009

Bienvenidos a nuestra perfecta y mala copia del DF


Cuando usted entré al centro expandido de Bogotá, es decir a esas calles que van de la 26 a la 100 y de la carrera séptima a la NQS, estará entrando en el mismísimo demonio que se tragó al DF, la rechingada cápsula de la contaminación,

Ahora si, no hay retorno, nos rechingaron el aire, nos jodieron los pulmones. Y nadie hizo nada. Y nadie dijo nada. Al menos en el DF tienen metro y avenidas amplias. Aquí la rechingada cápsula de la contaminación se tragó una ciudad premoderna y estancada.

Lo dice un informe de la Universidad Nacional. Ahora el cielo es rejodidamente negro, la temperatura pasa de 22 grados, el calor es padre, el cabrón oxígeno nos falla, se agudizan las enfermedades respiratorias y aparecen brotes de malaria

El fenómeno fue llamado oscurecimiento global, y es producido por la combustión de gases resultantes del flujo vehicular y las industrias. Uno de los grandes causantes de este rollo es el ozono troposférico (O3), un gas incoloro que se produce por las quemas de combustible, vapores de la gasolina y solventes químicos.. De esta forma, la radiación que sale de la Tierra se queda atrapada, aumentando las temperaturas, y a la vez, impidiendo que los rayos solares ingresen a la Tierra”.

Este proceso de calentamiento de la ciudad se viene presentando desde los años 70 y 80. Son culpables los presidentes y los alcaldes, los ministros (uno de ellos con una enorme narizota pero nunca se dio cuenta de nada y casi lo elegimos alcalde) y los secretarios de ambiente. Son culpables los industriales y los transportadores que contaminan. Pero el premio mayor de esta infamia se lo lleva ECOPETROL con su sucio combustible azufrado.

Ahora podrán salir a firmar pactos y a realizar convenios, el presidente camorrero, el alcalde narcoléptico (dormido), el nuevo ministro de ambiente (el regalo para Cambio Radical) el discretísimo secretario de Ambiente de Bogotá, los industriales y los transportadores. Pero ya es tarde ya nos rechingaron el aire. Ya nos convirtieron la sabana mas transparente del aire en una rechingada mala copia del DF. Y encima, sin metro.