miércoles, 8 de abril de 2009

Medellìn, Cali y Bogotá, crucificadas por la inseguridad democrática

Armo esta nota con tres noticias que reflejan una poderosa coincidencia

29 muertos en cinco días en Medellín; parte de la racha sería por guerra en la 'Oficina de Envigado'

Un sector de esa banda sicarial declaró objetivos militares a sus jefes alias 'Valenciano' y a 'Yiyo' por negociar sus entregas con la DEA. Ayer, hubo ocho víctimas.
Cuatro personas baleadas en el Hotel Mayorca, en el centro de Medellín; un reinsertado del bloque Cacique Nutibara muerto en el barrio Manrique; un doble homicidio en el barrio Pablo Escobar; Mario Henao, miembro de la Corporación Democracia, reportado como desaparecido; un hombre de 26 años acribillado en el barrio Popular; cinco personas baleadas en la comuna nororiental; dos muertos en una peluquería del barrio La Pradera, son algunos de esos hechos de sangre.

Hace apenas una semana, durante la reunión del BID volvimos a escuchar el discurso viejo y remendado de que Medellín es la ciudad más hermosa y segura del mundo. Claro que sí. Medellín es una ciudad bonita, aseada, cívica. Su gente, es amable con el visitante, emprendedora, trabajadora, pero tienen la costumbre de mentirle al mundo en aras de quedar como los más “chachos” de la película. Que se mientan a ellos mismos no es problema, pero que sus autoridades y sus medios mientan y escondan toda la escoria que hay bajo el tapete fue lo que llevó a Pablo Escobar a convertirse en un ambiguo mafioso que veía tranquilamente sentado en las tribunas del Atanasio los partidos del Nacional.

Nadie ha identificado mejor que Alonso Salazar, el alcalde actual, las raíces socio-culturales del problema mafioso de Medellín y nadie como él maneja todas las aristas del conflicto para darle a Medellín el verdadero vuelco que necesita. Nadie como Alonso Salazar para no caer en la trampa de la seguridad democrática, que en vez de solucionar el problema lo ha multiplicado en una forma exponencial.

Si esa mano de muertos del fin de semana hubiera sucedido en Bogotá, y no en Medellín, ya todos los medios estarían crucificando a Samuel, el alcalde, y Nicolás Uribe lo estuviera citando a uno de tantos escandalosos e inoficiosos debates en el congreso. El problema no es de debates ni de escándalos.

La otra noticia va por el mismo lado

Cascos azules de la ONU en Cali pidió el gobernador del Valle, Juan Carlos Abadía

Para pedirlos, argumentó que el municipio está en un sitio estratégico que permite a la delincuencia maniobrar de manera sorpresiva.
También pidió al director nacional de la Policía, general Óscar Naranjo, la presencia de mayor pie de fuerza.

El secretario de Gobierno, Víctor Manuel Salcedo, señaló que las cifras de la Policía, de Medicina Legal, de las secretarías de Gobierno de Cali y Valle muestran un comportamiento de la delincuencia en Cali: "No se trata de señalar a nadie, sino decir que vamos a implementar unas medidas, porque la situación de inseguridad de Cali no es una percepción, es una realidad", anotó Salcedo.

¿Leyeron bien? Cascos azules, como en Beirut, en la franja de Gaza, en Bosnia. Es decir, la situación en Cali desbordó cualquier límite sin que Uribe y su ministro de defensa platearan una estrategia válida y efectiva. La seguridad democrática cumplió en forma parcial su objetivo de acabar con la guerrilla, pero en forma sospechosa dejó intacta la estructura mafiosa del país. Y esa es la que está devorando nuestras ciudades.

¿Quedó claro en que país estamos viviendo? Como al 80 % de los colombianos no les queda claro, hay que repetirlo. No en el país de los buenos uribistas que luchan por acabar con las malvadas FARC. Sino en el país de las pequeñas mafias que durante los últimos años impusieron sus estructuras criminales en todos los niveles del estado.

Y cerremos con una internacional

Fujimori estaría preso hasta los 93 años; fue condenado a 25 de cárcel por homicidio y secuestro

Fujimori fue uno de los más presidentes más populares del Perú. Acabó con Sendero Luminoso y dicen que impulso el desarrollo de la economía. Los medios de comunicación lo adoraban. Cristina Saralegui se encargaba de ensalzarlo todos las noches a través de su hediendo canal peruano. Los dos estuvieron presos. La justicia se encargó de mostrar que detrás de todo lo que existía era un andamiaje bien montado de criminalidad y corrupción presidencial. ¿Nada parecido con un lejano país andino? Parece que la justicia existe y opera. No hay que tentarla, ni chuzarla.