jueves, 6 de agosto de 2009

Festival de la lluvia, feliz cumpleaños Bogotá


Esta mañana Monserrate amaneció tapado de nubes. A mediodía, en la Avenida Jiménez con carrera séptima el viento se mandó con todo, con las gotas de esa lluvia boba que cae desde hace dos meses. Era uno de esos días típicamente bogotanos, fríos, grises, venteados. El día ideal para cumplir años, Bogota, salvo que en las calles nadie parecía darse por enterado y la misma ciudad no tenía la más mínima señal de que estuviera de fiesta.

Mientras caminaba contra esa lluvia boba, esquivando paraguas y parroquianos acelerados por los andenes de la séptima, sin una sola bandera amarillo y rojo en las ventanas, recordé que desde hace más de diez años, por esta época, se celebra el llamado Festival de Verano, un engendro para dilapidar los recursos públicos, sin afianzar la identidad de la ciudad ni desarrollar el sentido de pertenencia, que escasea en la mayor parte de los migrantes que llegaron a esta ciudad desde cualquier lugar del país.

El Festival de Verano es un engendro socio cultural, por muchas razones. Primero porque fue una idea promocional del canal City Tv, que se volvió oficial por la fuerza de su penetración en la ciudad. Segundo por su mismo nombre. Hablar de un festival de verano en una época en que soplan los vientos lluviosos sobre la ciudad y las noches son más heladas que nunca, es un despropósito semántico y climático. Muchas veces en mis labores de reportero o entrevistador, les pregunté a los directivos de cultura y turismo de la ciudad por qué seguían manteniendo ese absurdo nombre y me respondieron que no debía tomarse en forma literal, sino por lo que significa el verano en cuanto a sinónimo de alegría y vacaciones. Este año el absurdo llegó hasta crear un ambiente playero en el Simón Bolívar.

En materia de fiestas, todas las ciudades de Colombia tienen un claro concepto de lo que son, lo que quieren, como se llaman y como identifican su cultura, su entorno y su topografía. Para no ir más lejos, por estos días las Fiestas del Mar en Santa Marta o la Feria de las Flores en Medellín. En Bogotá unos magos del marketing y la cultura anglo nos clavaron un festival de nombre extraño por donde se le mire. Es como si en la Paz si hiciera un carnaval del Mar o en Machu Pichu las Fiestas del Desierto o en Neiva, en vez de San Juanero, Rock al Río.

El tercer absurdo de esta celebración es su agenda tan dispersa, caótica, errática. Hay de todo pero no hay nada memorable. No hay un evento central que uno espere todo el año, como la batalla de las flores o el desfile de silleteros o la cabalgata.

No hay una fiesta a la altura de esta ciudad para celebrar su cumpleaños. Es el gran fracaso de quienes manejan la cultura distrital y también un motivo de preocupación por todo el dinero que se despilfarra en celebraciones sin arraigo ni carisma. Solo nos queda decir, Feliz Cumpleaños Bogotá y que algún día se de por fin un Festival del viento o de la lluvia.

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