miércoles, 25 de marzo de 2009

La muerte del patrullero en la ciclovía



El domingo pasado la ciclovía de la carrera séptima parecía tener el mismo ritmo melancólico de la mañana fría y lluviosa, salvo por los buses que tronaban en el otro carril y escupían sus bocanada de humo venenoso, salvo por los taxistas que en el otro carril se pasaban todos los semáforos en rojo, sin importarles ni el peatón, ni los ciclistas, en su mayoría menores de edad, que a esa hora ascendían a la séptima buscando unos pocos kilómetros de diversión en esa ciudad de asesinos al volante.

Al pasar por la calle 67, frente al edificio de Caracol,
Nelson Fabián Pachón Otavo debía estar en la esquina cumpliendo con su labor de auxiliar de la policía, tratando de contener a los conductores que aún no entienden que el hecho de tener un taxi, un automóvil, un bus o un camión no les da derecho de zampárselo al humilde transeúnte, al ciclista o al conductor decente que espera a que los semáforos se pongan en verde, sin pitar. Debían ser las 11: 27 de la mañana.

A las 11:50 ya de regreso, la esquina de la carrera séptima con calle 67 era otra. Una ambulancia, un cuerpo tirado en el piso, dos policías motorizados y más de diez taxis obstruyendo la vía. Después, vine a saberlo todo.

A las 11:27 minutos de la mañana, según consta en los reportes oficiales, el taxista
Gerardo Vargas Hernández, boyacense y con 32 años, se pasó imprudentemente el semáforo en rojo del costado occidental de la 7a. Su taxi de placas VEI 992, afiliado a la empresa Taxi Express, se llevó de frente al Policía. Lo lanzó a 20 metros del sitio del accidente. Nelson quería estudiar Ingeniería Automotriz. Le faltaban 4 meses para terminar su servicio en la Policía. Hoy está en un cementerio.

No hay nada que decir ante este hecho. El taxista implicado sacará mil disculpas, todas infames, que el tiene que sobrevivir y llevar el pan para su casa. Sus colegas bloquearon la séptima para amedrentar a todo el que quisiera defender al patrullero. La policía tuvo que dispersarlos o ahí se hubieran quedado braveando todo el día

Sólo les pido que se paren en cualquier semáforo de
Bogotá y vean quiénes se los pasan en rojo. Taxistas y buseteros, asesinos en potencia, que hoy recorren la ciudad escuchando los chistes flojos, los programas degradantes y la basura de música que ponen en Candela.

Deberíamos hacer un ensayo ahora que la Secretaría de Movilidad se la pasa en esas. Dejarles las calles sólo a los taxistas,
buseteros y a los conductores de las camionetas traquetas, sin reglas, sin semáforos en rojo, con dobles filas en los cruces permitidos y en los prohibidos, y con una velocidad promedio de 100 kilómetros por hora.


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